La diferencia que pesa: mientras los demás jugaban Apertura 2025, Alajuelense jugaba otro deporte

Alajuelense la pasó mal en Liberia con un rival que jugó de manera extraordinaria

La diferencia que pesa: mientras los demás jugaban Apertura 2025, Alajuelense jugaba otro deporte

Fernnado Piñar en el juego ante Motagua por cuartos de final de Copa Centroamericana.

Ferlin Fuentes·11 de diciembre de 2025 a las 9:55 a. m.

Hay verdades que se dicen con calma, y otras que hay que gritar aunque incomoden. Esta es una de ellas: Alajuelense no compite en las mismas condiciones que sus rivales de semifinales. Y eso no es opinión; es matemática pura.

Mientras Saprissa, Cartaginés y Liberia transitaron el cierre del torneo nacional con la naturalidad de quienes siguen un mismo calendario, la Liga vivió un noviembre y diciembre que no tienen comparación en el fútbol costarricense reciente. Mientras unos jugaban fines de semana tradicionales, Alajuelense estaba jugando finales continentales, extendiendo partidos a tiempos extra, viajando fuera del país y regresando a una liga que no se detiene ni para respirar.

Que nadie se sorprenda entonces si el equipo rojinegro llega con bajas, dolores musculares y rendimiento irregular en algunos pasajes. Es imposible pedirle a un plantel que corra como si estuviera descansado cuando viene de vivir al límite durante un mes entero.

Lo que Saprissa, Cartaginés y Liberia enfrentaron fue un calendario.
Lo que Alajuelense enfrentó fue una maratón.

Los números son brutales en su sencillez: la Liga disputó ocho partidos en este periodo, dos de ellos con alargues y penales, mientras Liberia y Cartaginés jugaron cinco, y Saprissa apenas cuatro antes de su juego pendiente del 11 de diciembre. Es decir: Alajuelense jugó casi el doble que algunos de sus rivales, y jugó más minutos que todos.

Y aún así, se le exige como si su desgaste no existiera, como si cada encuentro fuera idéntico, como si la carga no influyera en las piernas ni en la cabeza. La crítica fácil olvida algo fundamental: en este tramo del torneo, no todos llegaron por el mismo camino.

Alajuelense pagó el precio de ganar.
Pagó el precio de competir afuera.
Pagó el precio de representar al país en un torneo que sus rivales vieron por televisión.

Ese precio es alto. Y ahora se ve en la enfermería: Anthony Hernández lesionado. Diego Campos tocado. Rashir Parkins con molestias. Y un equipo que, aun con desgaste extremo, rescató un empate en Liberia porque un jugador tuvo la valentía y la técnica de romper la noche en el último segundo.

Pedirle a este equipo que rinda como si no hubiese jugado octubre, noviembre y diciembre a ritmo de selección nacional, es ignorar la realidad.
Y pedirle que no se resienta físicamente es desconocer cómo funcionan los deportistas de alto rendimiento.

Hoy, la diferencia entre Alajuelense y los otros tres semifinalistas no está en las camisetas ni en los nombres. Está en los minutos. En las cargas. En los viajes. En esa acumulación invisible que solo se nota cuando las piernas no responden o cuando la planilla se queda sin variantes.

Aquí está la evidencia que muchos prefieren no ver:


Cantidad de juegos disputados (2 noviembre – 12 diciembre)

Equipo. Partidos jugados. Detalles relevantes.
Saprissa 4 (5 con el del 11-12). Solo torneo nacional
Cartaginés 5 Solo torneo nacional
Liberia 5. Solo torneo nacional
Alajuelense. 8 Torneo nacional + Copa Centroamericana + dos alargues
+ viajes


No todos llegaron a las semifinales por el mismo camino. Unos llegaron caminando. Alajuelense llegó escalando.
Y aun así, está ahí, peleando.
Eso también debería contarse.